Sección: Estetica y belleza Publicación: Revista nº 86
El protector solar ideal
La radiación solar aporta beneficios a nuestra salud, muy por encima de los perjuicios que todos conocemos. Aprender a disfrutar de sus bondades implica adoptar una estrategia natural que incluya baños de sol razonables y la utilización de productos naturales.
Llega el verano y todos queremos conseguir un bonito bronceado evitando quemaduras solares. En efecto, es importante impedir que nuestra piel se queme, pero igual de importante es que su uso no implique la presencia de sustancias tóxicas en nuestra piel; y es que a través de la misma pasan muchas sustancias tóxicas hacia nuestro torrente sanguíneo.
El protector solar reducirá las quemaduras debidas a la exposición al sol, y con ello la aparición de cáncer de piel. En este sentido, cabe recordar la relevancia de la vitamina D y su influencia en el cáncer, así como la necesaria exposición al sol sin protector para que los rayos solares puedan formar esa vitamina en la piel y podamos prevenir el cáncer. De hecho, las exposiciones breves (de cinco a diez minutos) y repetidas a lo largo del día son seguras y eficaces.
Diferentes estudios han demostrado que un déficit de vitamina D nos predispone a padecer esta enfermedad, así como enfermedades cardiovasculares. Los expertos consideran que poseer menos de 29 nanogramos por mililitro implica una predisposición a una gran variedad de enfermedades, mientras que la orquilla de valores aconsejables se sitúa entre los 40 y los 60 nanogramos de vitamina D por mililitro.
¿Qué tipos de protectores solares existen?
Los filtros solares químicos actúan absorbiendo la radiación solar y transformándola en otro tipo de energía que no resulte nociva para la piel. En estos protectores solares se encuentran sustancias que pueden imitar a los estrógenos e inducir cáncer hormonodependiente.
Hablamos del Methyl-benzylidene camphor (4-MBC), benzophenone-3 (Bp-3), octyl-dimethyl-PABA (OD-PABA), diethyl phthalate homosalate (HMS), y octyl-methoxycinnamate (OMC); sustancias todas ellas que se utilizan en forma de nanopartículas, por lo que la cantidad de químicos que penetra en la piel es importante.
La mayoría de cremas solares que compramos en farmacias y supermercados contienen este tipo de filtros.
Los filtros solares físicos, también llamados “pantallas totales”, reflejan la radiación solar impidiendo que ésta penetre en la piel y produzca enrojecimiento, quemaduras, etc. Para este fin se usan tanto el óxido de zinc como el óxido de titanio. No alcanzan el torrente sanguíneo, quedándose en la capa más superficial de la piel.
Por su parte, el dióxido de titanio ha sido clasificado por la International Agency for Research of Cancer como potencial carcinógeno para humanos, incluso si no está en forma de nanopartículas. Es altamente fotorreactivo, es decir, genera radicales libres al reaccionar con la luz, y puede producir un severo quemado solar mayor que si no usáramos protección solar.
Junto a las nanopartículas, conviene evitar ingredientes como los parabenes, Ftalatos, fragancias artificiales, derivados del petróleo, y metales pesados. La vitamina A añadida a los protectores solares (casi una cuarta parte de ellos contiene una forma de esta vitamina) puede también acelerar el desarrollo de tumores y lesiones en la piel cuando se aplica bajo la luz solar.
¿Existe el protector solar ideal?
El protector solar ideal debería bloquear los rayos UV, contener óxido de zinc, y carecer de nanopartículas, ingredientes tóxicos o perjudiciales tras su degradación por efectos de dichos rayos; y, por supuesto, debería ser eficaz durante varias horas.
Si bien resulta complicado encontrar un protector que cumpla todos estos requisitos, nos decantaremos por fotoprotectores orgánicos certificados con filtros de protección solar natural mineral, mejor en forma de loción o crema.
Se recomienda el uso de filtros físicos (las prendas de algodón proporcionan un factor solar de casi 15SPF), mantenerse en la sombra, y no exponerse a los rayos solares de doce del mediodía a cuatro de la tarde. Los sombreros de ala ancha y las gafas de sol pueden resultar también aliados importantes.
Además, conviene llevar una dieta saludable y rica en antioxidantes naturales. Los alimentos frescos, crudos, sin procesar, proporcionan los nutrientes que su cuerpo necesita para mantener un balance saludable de grasas omega-3 y omega-6 en la piel. El aceite de sésamo, el aceite de jojoba y la manteca de karité también son excelentes protectores solares.
¿Qué debemos evitar?
Ante todo debemos dejar atrás las cremas en forma de aerosol y polvo, pues contienen nanopartículas. Los filtros químicos, las lámparas solares y las cabinas de bronceado no ayudan en absoluto, y la exposición al sol en las horas centrales (de doce del mediodía a cuatro de la tarde) tampoco resulta recomendable.
Dra. Odile Fernández, Médico de familia